En los últimos años la minería se está viendo asaltada por multitud de problemas,
desde los medioambientales a los económicos, pasando por la competencia
exterior, pero hay uno, y muy grave, en el que creo que no se pone la
atención suficiente: el problema de imagen.
Para la sociedad de a pie, los mineros son unos tipos que se dedican a una
actividad contaminante, ganan cuatro mil Euros al mes, y se prejubilan a los
cuarenta años con tres mil euros vitalicios de paga. Pero la realidad es
bastante diferente. La visión de la sociedad sobre la minería está compuesta
por un conjunto de tópicos y prejuicios que se han ido formando con el tiempo,
muchas veces de manera interesada. Permitidme que les dé un repaso, sin
pretenderme dueño de la razón, pero con argumentos más sólidos que simples
habladurías:
—Hace muchos años, los salarios mineros y sus condiciones de jubilación eran
muy superiores a la media, igual que eran superiores a la media el riesgo y la
penosidad de su trabajo. Hoy, en cambio, hay mineros que bajan al pozo por mil
o mil doscientos euros al mes, y se prejubilan, si pueden, con ochocientos
euros escasos. Las cosas han cambiado a mal para todos, salvo algunas
excepciones de todos conocidas. Y entre las excepciones no se cuentan los
mineros.
—Parece una tontería, pero a la gente se le olvida, así que hay que repetirlo:
sacar carbón no contamina. Lo que contamina es quemarlo. Y el caso es que en
España hemos decidido dejar de sacar carbón, pero no hemos decidido dejar de
quemarlo, porque las térmicas siguen abiertas y seguirán durante unas cuantas
décadas. O sea que menos cuentos medioambientales con eso, porque los que
piden, apoyan o toleran el cierre de nuestra minería, no ponen el mismo empeño
en que se reduzcan las emisiones o en que se deje de quemar carbón extranjero.
—Hablando de emisiones, el CIUDEN tiene unos magníficos laboratorios y varios
proyectos en marcha para estudiar los modos de reducir la contaminación.
¿Primero nos gastamos el dinero en I+D y luego nos llevamos la actividad a otro
lado, con carbón foráneo? Si aquí tenemos el CIUDEN, trabajemos aquí, con el
carbón de aquí, a ver si la investigación produce resultados que todos podamos
aprovechar. Nuestra I+D es el carbón, que lo tenemos, o el plástico para
invernaderos, que también tenemos, y no el chip de silicio, que lo fabrican los
coreanos.
—La pelea entre Gobierno, eléctricas y mineros, tiene poco que ver con la
rentabilidad económica de la minería. Las eléctricas tienen que acometer
grandes inversiones para cumplir los nuevos límites de contaminación, y
pretenden que el Estado, o sea todos, cubra todo o parte de ese desembolso. ¿Y
cómo presionan las eléctricas? Trayendo carbón de importación, aunque sea a un
precio igual o a veces superior al local, de modo que el problema se amplíe y entren
en escena más sectores. Así es como en algunos sitios queman coque, el carbón
más pobre y más contaminante, mientras dicen que el nuestro es sucio.
—Y fuera de razonamientos económicos y medioambientales, las minas son un poco
como el ejército. ¿Por qué se gasta tanto en Defensa si no hay guerra? Pues
para que no la haya, precisamente, y porque si no tienes ejército, las pérdidas
que sufres el día que lo necesitas son insoportables. Con las minas pasa igual.
Cerrar la minería porque no es rentable nos deja en manos de los proveedores
exteriores, y si un día hay un jaleo en Argelia (cosa no del todo improbable),
o una crisis internacional que dificulte nuestro acceso a los mercados,
necesitaremos una fuente de energía propia, estratégica, que nos libre de la
catástrofe. Dejar que se pierdan nuestras fuentes de energía es tan suicida
como mandar a todos los militares a casa y confiar en que nunca va a haber
necesidad de unas fuerzas armadas. Ojalá no necesitemos nunca las menos
rentables de nuestras minas, pero como las necesitemos y las hayamos dejado
perder, vamos de cabeza.
—Por último, un razonamiento menos lógico y más conspirativo. Los mineros,
históricamente, han sido uno de los grupos que con más fuerza, cohesión y energía
han luchado por los derechos de los trabajadores. Los suyos, y los de los
demás. ¿Qué tiene de raro, entonces, que en una época de crisis y recortes, se
pretenda desactivar este foco de resistencia a nuevos ataques contra los
trabajadores? Es duro decirlo, pero creo que cuantos menos mineros haya y más
débil sea la minería, mejor duermen los apoltronados. Y se nota, si uno se fija
de dónde vienen los ataques. Se nota.
Por todo esto, y pase lo que pase al fin con la minería, creo que nos conviene
a todos defender el sector. Por planificación, por lógica, por memoria de lo
que el sector minero luchó por los demás, y por evitar que una losa, una más,
caiga sobre nuestra ya muy maltratada tierra.
O eso, o nos convierten en un parque temático, o en una reserva india.