¿Por qué no se va a poder?
Hay gente que considera demasiado ambicioso el objetivo del Green New Deal, sobre todo par Europa. Pero son simples agoreros.
Para reducir las emisiones, sobre todo en un ámbito local, o sea, solamente en la Unión Europea, basta sacar las industrias del territorio de la Unión Europea y llevarlas a otro lado.
La economía verde, cuando no es global, se basa en la deslocalización, pro mucho que lo quieran pintar de otro modo. Mientras India, China, Rusia, USA y otros países altamente contaminantes no firmen ningún tratadoo climático, todo lo que se haga en Europa no servirá más que para darles a ellos más margen.
Será divertido cuando nuestras industrias se marchen y los que no firmaron, digan: ¿Lo veis? Las emisiones globales se han mantenido a pesar de que nosotros aumentamos las nuestras. Y será verdad. Y será cierto, porque ellos podrán aprovechar cualquier reducción nuestra para aumentar las suyas y mantener la suma.
Cuando el problema es global, las soluciones locales son injustas y estúpidas. No debería ser necesario, pero hay que poner un ejemplo:
En un edificio de 40 viviendas, hay escasez de agua. Hay tres vecinos, y un bajo comercial, que tienen una rotura en las cañerías y tiran el agua a mansalva. Y la solución que nos dan es que consumamos menos el resto, que nos duchemos una vez cada cuatro días y que no tiremos de la cadena, porque los propietarios con las cañerías rotas son gente muy influyente que no nos permite entrar en sus inmuebles. Y tragamos.
Lo que está pasando con las medidas de la UE contra el cambio climático es eso.
La gran mentira: los trabajos que la gente de aquí no quiere hacer
Algunos
tópicos, además de tópicos son falsos y hay que atajarlos de raíz. Es mentira
que existan trabajos que las personas de aquí no quieran hacer y que por eso
tengan que venir a ocuparlos los inmigrantes. Es falso. Lo que no quieren hacer
los trabajadores locales es esos trabajos a ESE PRECIO.
A
los que se les llena la boca hablando de libertad de mercado y capitalismo se
les olvida que, por alguna razón, hay trabajos que tienen poca demanda, ya sea
por su dureza, por su repetitividad o por su naturaleza desagradable. Y en
lugar de aumentar el precio, que sería lo lógico y lo que dicen los sacerdotes
de la oferta y la demanda, atraen artificialmente oferta de mano de obra para
que los trabajos se cubran sin aumentar los salarios.
El
mecanismo es simple: si para un empleo cualquiera baja la oferta de mano de
obra, debería subir su precio. Pero en vez de eso se traen esclavos para que la
oferta de mano de obra se mantenga y los precios no varíen, o bajen aún más.
Y
con tal de no subir los salarios para adecuar el precio de la mano de obra a la
oferta, se ha hecho cualquier cosa: abrir las fronteras, cargar masas humanas a
los gastos sociales, demonizar a la clase trabajadora llamando vagos a los que
no aceptan esas condiciones, y hasta apelar a la sensiblería, la lágrima fácil
y la solidaridad mundial, con fotos de gente caminando en la nieve y niños
ahogados en el mar. Pero el hecho es invariable: no existen trabajos que la
gente de aquí no quiera hacer, siempre que el salario sea adecuado a las
condiciones de ese trabajo.
Y
esta dinámica, ya lo veréis, se repetirá en el futuro: los trabajadores de la
industria se van a ir cayendo del mercado como fruta madura, víctimas de la
automatización, y tendrán que buscar trabajo en sectores inferiores, hoy
ocupados por inmigrantes. Y ahí surgirá, ya está surgiendo, la gran tensión: si
los foráneos ocupen esos puestos, los autóctonos no tendrán a dónde ir cuando
el árbol se sacuda. Por eso, a medida que la robotización avance, habrá más
voces que pidan cierre de fronteras, para que los que caen de la industria
puedan hacerse camareros, por ejemplo. Y esa tensión, hasta la fecha, la está
explotando la extrema derecha, porque la izquierda se ha empeñado en ofrecer
moralina a los trabajadores en vez de soluciones a sus problemas. Eso y no otra
cosa es pedir una renta universal en vez de salarios dignos.
Mientras
tanto, seguimos instalados en la mentira de que hay montones de trabajos que
los trabajadores de los países prósperos no quieren realizar.
Y
es falso. Es injusto. Es vergonzoso.
El miedo que los alemanes se dan a sí mismos (una estafa con gracia)
No me extraña nada que Donald Trump haya dicho que no piensa mover un dedo ni gastar un dolar más en defender a los europeos. La idea de que los alemanes tienen bases americanas en su territorio porque no son capaces de defenderse a sí mismos le resulta absolutamente ridícula al nuevo presidente americano, y le resultaría igualmente risible a cualquiera que se parase dos minutos a pensarla.
¿Que los alemanes no pueden defenderse a sí mismos? Pues menos mal... Porque cada vez que abro un libro de historia tengo la impresión de que, cuando les da por ahí, tienen capacidad de sobra para montar unas fuerzas armadas bastante inquietantes, por decirlo suavemente.
Los americanos, por supuesto, no han sido ni filántropos ni altruistas al desplegar sus bases por el mundo, pero hay que reconocerles el derecho a dejar de ser el gendarme del mundo cuando mejor les parezca, o cuando sus intereses vayan pro otro lado.
Y entonces los europeos, u muy particularmente los alemanes, no pueden quejarse de desprotección ni poner el grito en el cielo por tener que hacerse cargo, por una vez, de sus propios gastos de defensa.
El caso de Alemania es particularmente sangrante. Desde la guerra fría de los años cincuenta, cuando el resto de potencias europeas se gastaba verdaderas fortunas en armamento, ¿qué se gastaban ellos? Poco o nada. Los gastos de defensa alemanes, vistos históricamente, son una fracción ridícula de lo que sus vecinos empleaban en la misma partida. Y todo porque decían que, tras su experiencia histórica, el militarismo les daba mucho miedo, que asustaban a sus vecinos, y que cada vez que un europeo veía un tanque alemán, aunque fuese en unas maniobras, se encerraba en el sótano de su casa.
Así las cosas, y revisando los gastos de defensa de los distintos países europeos, nos encontramos con que Alemania ha recibido una enorme subvención, acumulativa además, a costa de decir que siempre son los malos de las películas.
Nadie le había sacado tanto rendimiento a su vieja mala leche. Si acaso, lso japoneses, pero esa es otra historia y la dejamos para otro día.
No es de extrañar que los americanos se cabreen.
¿Que los alemanes no pueden defenderse a sí mismos? Pues menos mal... Porque cada vez que abro un libro de historia tengo la impresión de que, cuando les da por ahí, tienen capacidad de sobra para montar unas fuerzas armadas bastante inquietantes, por decirlo suavemente.
Los americanos, por supuesto, no han sido ni filántropos ni altruistas al desplegar sus bases por el mundo, pero hay que reconocerles el derecho a dejar de ser el gendarme del mundo cuando mejor les parezca, o cuando sus intereses vayan pro otro lado.
Y entonces los europeos, u muy particularmente los alemanes, no pueden quejarse de desprotección ni poner el grito en el cielo por tener que hacerse cargo, por una vez, de sus propios gastos de defensa.
El caso de Alemania es particularmente sangrante. Desde la guerra fría de los años cincuenta, cuando el resto de potencias europeas se gastaba verdaderas fortunas en armamento, ¿qué se gastaban ellos? Poco o nada. Los gastos de defensa alemanes, vistos históricamente, son una fracción ridícula de lo que sus vecinos empleaban en la misma partida. Y todo porque decían que, tras su experiencia histórica, el militarismo les daba mucho miedo, que asustaban a sus vecinos, y que cada vez que un europeo veía un tanque alemán, aunque fuese en unas maniobras, se encerraba en el sótano de su casa.
Así las cosas, y revisando los gastos de defensa de los distintos países europeos, nos encontramos con que Alemania ha recibido una enorme subvención, acumulativa además, a costa de decir que siempre son los malos de las películas.
Nadie le había sacado tanto rendimiento a su vieja mala leche. Si acaso, lso japoneses, pero esa es otra historia y la dejamos para otro día.
No es de extrañar que los americanos se cabreen.
El Erasmus penal, una idea curiosa
No sé hasta qué punto me lo contaron en serio o se trataba de la extensión de una charla de bar entre políticos, pero hace poco me ha llegado una idea que, cuando menos, me pareció curiosa y me apetece compartir: se trata del Erasmus penal.
La idea fundamental es que, para algunos tipos de delitos, sobre todo los de menores y algunos en los que la reincidencia es muy elevada, parece demostrado que nuestro sistema penitenciario no rehabilita a los delincuentes, sino que parece atraerlos con un extraño magnetismo de regreso a la cárcel, con delitos cada vez más graves y condenadas cada vez más largas.
Así las cosas, algunos educadores empìezan a proponer que se intenten formar acuerdos con aquellos países donde su sistema penitenciario ofrezca mejores resultados en este sentido, de modo que los sentenciados cumplan sus penas en lugares que demostradamente ayuden a que se reinserten en la sociedad y abandonen las conductas antisociales.
Hasta aquí, la verdad es que suena muy bien. La cuestión es que cuando preguntas por los detalles, resulta que no se trata de enviar a las bandas juveniles de latinos a Finlandia, para que sus magníficos profesores los devuelvan a la senda del respeto, sino más bien a Siberia, a las peores cárceles norteamericanas o a Thailandia, que son los tres sistemas penitenciarios con menor índice de reincidencia, una vez que se han abandonado las instalaciones carcelarias o de reeducación. El encaje legal del asunto seguramente es complicado, aunque no imposible, pero de lo que no cabe duda es de que estos países estarían encantados de rentabilizar su inversión penitenciaria, alquilando plazas en sus instituciones "de reeducación".
La verdad es que no sé si funcionaría, aunque tengo la vaga sospecha de que en muchos casos, sobre todo en el de los menores de edad, que se sienten completamente impunes, podría ser un poderoso incentivo para no recaer, después del tercer o cuarto delito. Una temportada en según qué sitios puede ampliar mucho los horizontes de cualquiera, a la vez que delimita con claridad el significado de la palabra "escarmiento", otra de las finalidades reconocidas de cualquier código penal.
No obstante, lo que más me ha gustado ha sido el nombre: Erasmus Penal. Hay que joderse. la neolengua no tiene límites.
La idea fundamental es que, para algunos tipos de delitos, sobre todo los de menores y algunos en los que la reincidencia es muy elevada, parece demostrado que nuestro sistema penitenciario no rehabilita a los delincuentes, sino que parece atraerlos con un extraño magnetismo de regreso a la cárcel, con delitos cada vez más graves y condenadas cada vez más largas.
Así las cosas, algunos educadores empìezan a proponer que se intenten formar acuerdos con aquellos países donde su sistema penitenciario ofrezca mejores resultados en este sentido, de modo que los sentenciados cumplan sus penas en lugares que demostradamente ayuden a que se reinserten en la sociedad y abandonen las conductas antisociales.
Hasta aquí, la verdad es que suena muy bien. La cuestión es que cuando preguntas por los detalles, resulta que no se trata de enviar a las bandas juveniles de latinos a Finlandia, para que sus magníficos profesores los devuelvan a la senda del respeto, sino más bien a Siberia, a las peores cárceles norteamericanas o a Thailandia, que son los tres sistemas penitenciarios con menor índice de reincidencia, una vez que se han abandonado las instalaciones carcelarias o de reeducación. El encaje legal del asunto seguramente es complicado, aunque no imposible, pero de lo que no cabe duda es de que estos países estarían encantados de rentabilizar su inversión penitenciaria, alquilando plazas en sus instituciones "de reeducación".
La verdad es que no sé si funcionaría, aunque tengo la vaga sospecha de que en muchos casos, sobre todo en el de los menores de edad, que se sienten completamente impunes, podría ser un poderoso incentivo para no recaer, después del tercer o cuarto delito. Una temportada en según qué sitios puede ampliar mucho los horizontes de cualquiera, a la vez que delimita con claridad el significado de la palabra "escarmiento", otra de las finalidades reconocidas de cualquier código penal.
No obstante, lo que más me ha gustado ha sido el nombre: Erasmus Penal. Hay que joderse. la neolengua no tiene límites.
Para no morir a deshora
No sé si será por herencia cristiana o por cultura democrática, pero lo mismo que quiero para mí, lo quiero para los demás. Y si un día me quedo gagá, no me valgo y no soy útil ni siquiera a mí mismo, para disfrutar una flor o una canción, quiero que me quiten de en medio. Y lo mismo pido para los otros.
Lo que no me parece justo es que los familiares de una persona en estas condiciones tengan que cargar con una vida sin sentido ni futuro, o hagan cargar a la sociedad con el coste de sostenerla ardiendo una llama que ya ni calienta ni alumbra.
La muerte, amigos, está sobrevalorada. Tenemos que exigir más esfuerzo y más gasto cuando la vida tiene algún sentido, pero aunque nos gastásemos el presupuesto entero en sanidad, nos seguiríamos muriendo igual, más marchitos, más inútiles, más tarde y más caro, pero nos seguiríamos muriendo.
Dedicar los recursos del sistema a mantener con vida a personas que seguramente no lo desean es una crueldad y una irresponsabilidad. Es necesario que, cuanto antes, se imponga el testamento vital y se aclaren las circunstancias en las que cada cual quiere dejar de ser atendido, o ayudado a morir dignamente. Es necesario que la legislación se adapte a esta nueva realidad degenerativa que nos ha traído el aumento de la esperanza de vida.
Semejante decisión no puede quedar en manos de los familiares ni puede esperar al último momento: igual que es obligatorio tener el DNI a cierta edad, tiene que ser obligatorio tomar la decisión de qué hacen con nosotros en según qué casos. Existen protocolos médicos que describen cada situación y cada cual puede y debe poner su barrera donde mejor le parezca.
Por honradez, por dignidad. Por ahorro incluso.
Personalmente, me parecería repugnante que, sin remedio ni esperanza, se gastasen en mí los cien mil euros que podrían gastase en otra persona.
¿A vosotros no?
Pues hablemos claro: ya que no vamos a vivir para siempre, más nos vale no morir demasiado tarde. A veces la solidaridad es también y sobre todo eso.
Lo que no me parece justo es que los familiares de una persona en estas condiciones tengan que cargar con una vida sin sentido ni futuro, o hagan cargar a la sociedad con el coste de sostenerla ardiendo una llama que ya ni calienta ni alumbra.
La muerte, amigos, está sobrevalorada. Tenemos que exigir más esfuerzo y más gasto cuando la vida tiene algún sentido, pero aunque nos gastásemos el presupuesto entero en sanidad, nos seguiríamos muriendo igual, más marchitos, más inútiles, más tarde y más caro, pero nos seguiríamos muriendo.
Dedicar los recursos del sistema a mantener con vida a personas que seguramente no lo desean es una crueldad y una irresponsabilidad. Es necesario que, cuanto antes, se imponga el testamento vital y se aclaren las circunstancias en las que cada cual quiere dejar de ser atendido, o ayudado a morir dignamente. Es necesario que la legislación se adapte a esta nueva realidad degenerativa que nos ha traído el aumento de la esperanza de vida.
Semejante decisión no puede quedar en manos de los familiares ni puede esperar al último momento: igual que es obligatorio tener el DNI a cierta edad, tiene que ser obligatorio tomar la decisión de qué hacen con nosotros en según qué casos. Existen protocolos médicos que describen cada situación y cada cual puede y debe poner su barrera donde mejor le parezca.
Por honradez, por dignidad. Por ahorro incluso.
Personalmente, me parecería repugnante que, sin remedio ni esperanza, se gastasen en mí los cien mil euros que podrían gastase en otra persona.
¿A vosotros no?
Pues hablemos claro: ya que no vamos a vivir para siempre, más nos vale no morir demasiado tarde. A veces la solidaridad es también y sobre todo eso.
La otra verdad sobre las minas
En los últimos años la minería se está viendo asaltada por multitud de problemas,
desde los medioambientales a los económicos, pasando por la competencia
exterior, pero hay uno, y muy grave, en el que creo que no se pone la
atención suficiente: el problema de imagen.
Para la sociedad de a pie, los mineros son unos tipos que se dedican a una
actividad contaminante, ganan cuatro mil Euros al mes, y se prejubilan a los
cuarenta años con tres mil euros vitalicios de paga. Pero la realidad es
bastante diferente. La visión de la sociedad sobre la minería está compuesta
por un conjunto de tópicos y prejuicios que se han ido formando con el tiempo,
muchas veces de manera interesada. Permitidme que les dé un repaso, sin
pretenderme dueño de la razón, pero con argumentos más sólidos que simples
habladurías:
—Hace muchos años, los salarios mineros y sus condiciones de jubilación eran
muy superiores a la media, igual que eran superiores a la media el riesgo y la
penosidad de su trabajo. Hoy, en cambio, hay mineros que bajan al pozo por mil
o mil doscientos euros al mes, y se prejubilan, si pueden, con ochocientos
euros escasos. Las cosas han cambiado a mal para todos, salvo algunas
excepciones de todos conocidas. Y entre las excepciones no se cuentan los
mineros.
—Parece una tontería, pero a la gente se le olvida, así que hay que repetirlo:
sacar carbón no contamina. Lo que contamina es quemarlo. Y el caso es que en
España hemos decidido dejar de sacar carbón, pero no hemos decidido dejar de
quemarlo, porque las térmicas siguen abiertas y seguirán durante unas cuantas
décadas. O sea que menos cuentos medioambientales con eso, porque los que
piden, apoyan o toleran el cierre de nuestra minería, no ponen el mismo empeño
en que se reduzcan las emisiones o en que se deje de quemar carbón extranjero.
—Hablando de emisiones, el CIUDEN tiene unos magníficos laboratorios y varios
proyectos en marcha para estudiar los modos de reducir la contaminación.
¿Primero nos gastamos el dinero en I+D y luego nos llevamos la actividad a otro
lado, con carbón foráneo? Si aquí tenemos el CIUDEN, trabajemos aquí, con el
carbón de aquí, a ver si la investigación produce resultados que todos podamos
aprovechar. Nuestra I+D es el carbón, que lo tenemos, o el plástico para
invernaderos, que también tenemos, y no el chip de silicio, que lo fabrican los
coreanos.
—La pelea entre Gobierno, eléctricas y mineros, tiene poco que ver con la
rentabilidad económica de la minería. Las eléctricas tienen que acometer
grandes inversiones para cumplir los nuevos límites de contaminación, y
pretenden que el Estado, o sea todos, cubra todo o parte de ese desembolso. ¿Y
cómo presionan las eléctricas? Trayendo carbón de importación, aunque sea a un
precio igual o a veces superior al local, de modo que el problema se amplíe y entren
en escena más sectores. Así es como en algunos sitios queman coque, el carbón
más pobre y más contaminante, mientras dicen que el nuestro es sucio.
—Y fuera de razonamientos económicos y medioambientales, las minas son un poco
como el ejército. ¿Por qué se gasta tanto en Defensa si no hay guerra? Pues
para que no la haya, precisamente, y porque si no tienes ejército, las pérdidas
que sufres el día que lo necesitas son insoportables. Con las minas pasa igual.
Cerrar la minería porque no es rentable nos deja en manos de los proveedores
exteriores, y si un día hay un jaleo en Argelia (cosa no del todo improbable),
o una crisis internacional que dificulte nuestro acceso a los mercados,
necesitaremos una fuente de energía propia, estratégica, que nos libre de la
catástrofe. Dejar que se pierdan nuestras fuentes de energía es tan suicida
como mandar a todos los militares a casa y confiar en que nunca va a haber
necesidad de unas fuerzas armadas. Ojalá no necesitemos nunca las menos
rentables de nuestras minas, pero como las necesitemos y las hayamos dejado
perder, vamos de cabeza.
—Por último, un razonamiento menos lógico y más conspirativo. Los mineros,
históricamente, han sido uno de los grupos que con más fuerza, cohesión y energía
han luchado por los derechos de los trabajadores. Los suyos, y los de los
demás. ¿Qué tiene de raro, entonces, que en una época de crisis y recortes, se
pretenda desactivar este foco de resistencia a nuevos ataques contra los
trabajadores? Es duro decirlo, pero creo que cuantos menos mineros haya y más
débil sea la minería, mejor duermen los apoltronados. Y se nota, si uno se fija
de dónde vienen los ataques. Se nota.
Por todo esto, y pase lo que pase al fin con la minería, creo que nos conviene
a todos defender el sector. Por planificación, por lógica, por memoria de lo
que el sector minero luchó por los demás, y por evitar que una losa, una más,
caiga sobre nuestra ya muy maltratada tierra.
O eso, o nos convierten en un parque temático, o en una reserva india.
¿Y si el precio del petróleo fuese irrelevante?
Una de las
quejas que con más frecuencia he oído sobre Crashoil es
que repite los mismos conceptos una y otra vez, como si fuesen mantras. Es
posible, y es posible también que Antonio, su administrador y autor más
habitual, se limite a aplicar le ley de Lem: “nadie lee nada, los que leen
algo, no entienden un carajo, y los pocos que entienden algo, lo olvidan a los
cinco minutos”. Así las cosas, sería necesario decir las cosas una y otra vez,
a ver si la fortuna, o Gauss, quiere premiarnos alguna vez con un lector del
tercer grupo.
No obstante, y
para que no se diga, quiero plantear hoy una opción completamente infrecuente, aunque sólo sea para que cada
cual comprueba qué clase de razones se le
ocurren para refutarla. Porque ahí, en las refutaciones que cada cual
componga, está la verdadera prueba de lo que hemos asimilado de los conceptos
que leemos por aquí y en otros medios similares. Sí, el argumento que voy a
exponer es una especie de examen, y el modo de negar el argumento que expondré
a continuación determina, y muy bien creo, en qué posición se encuentra cada
uno.
Vamos allá:
El precio del
petróleo es una magnitud absolutamente irrelevante mientras el petróleo siga
fluyendo y el mercado petrolífero siga
funcionando. Puede tener influencia, por supuesto, en quiénes son los ganadores
y quiénes son los perdedores de la partida, pero no nos dice nada del fin de la
civilización, ni del colapso, ni
de ese hundimiento del capitalismo por el que algunos salivan como perros
de Pavlov. No indica nada de eso.
Siendo la
Tierra un planeta finito y actuando la economía como sistema global, nos
hallamos ante un juego de suma cero, en el que unos ganan y otros pierden, y lo
único que podría conducir al colapso o al fin del sistema, tal como lo
conocemos, sería la desaparición del propio mercado de petróleo. ¿Y qué tenemos
en ese sentido? Que a 140$ el barril, se consumían alrededor de 90 millones de
barriles diarios. ¿Y a 30$ el barril, que es
un 80% menos? Pues aproximadamente lo mismo…
Cuando el
petróleo estaba a10$ el barril, los consumidores vivían muy tranquilos y muy
contentos, y los productores sacaban una miseria por sus materias primas.
Cuando el barril pasó a 140$, los consumidores estaban muy apretados y muy
jorobados, y los productores nadaban en la abundancia hasta el punto de que
algunos tuercebotas llegaron a creerse estadistas de mérito y administradores
de postín. ¿Pero qué sucedió en realidad? Nada. El petróleo se consumía tanto a
cinco dólares como a ciento cuarenta. Las actividades se realizaban, los pozos
se perforaban, y se siguió adelante tanto a un precio como a otro. Cuando
estaba caro se seguía consumiendo y cuando está barato se sigue extrayendo. Esa
es la pura realidad.
Y no sólo es
irrelevante su precio a nivel de consumo, sino también en relación a otras
variables. El hecho de que bajen los salarios, por ejemplo, no tiene nada que
ver con la energía. Los salarios comenzaron a bajar con el petróleo barato,
siguieron cayendo con el petróleo caro y siguen su penoso descenso cuando el
barril pasó de 140$ a 30$, igual que ahora, que ha pasado de 30$ a 50$.
Si pretendemos
mantener que una variable es determinante
en el comportamiento de otra, pero vemos que la segunda no se ve
afectada por los vaivenes más abruptos de la primera, tenemos que reconocer de
una buena vez que estamos haciendo malabarismos, o relacionando el número de
nacimientos con el número de cigüeñas. Y eso es justamente lo que pasa con los
niveles salariales y el precio del barril: los nacimientos caen cuando hay
pocas cigüeñas, caen cuando hay regular y caen cuando hay muchas. Los salarios
caen cuando el barril está barato, cuando está a precio medio y cuando está
caro. Asumámoslo de una vez: los nacimientos y las cigüeñas no están
relacionados entre sí, y los salarios no guardan relación con el precio del
petróleo. Las causas son otras, por mucho que pretendamos exprimir nuestros
argumentos.
Porque el caso
es que en las últimas fechas no sólo ha bajado el petróleo: han bajado las
demás materias primas, ha bajado el factor capital, con tipos de interés
negativos, y ha bajado el valor de la mano de obra, con salarios menguantes.
Energía, trabajo, materias primas y capital: todo a la baja. Y nosotros, en
medios como este, decimos que el problema es de la energía, mientras otros
repiten que es del capital, otros que del trabajo, etc., etc. ¿Y si lo que
sucede es que sobra de todo? ¿Y si lo que sucede es que cuando te has tomado
cinco cafés ya te da igual que te regalen el sexto, porque no te cabe ni uno
más o temes que te vaya a sentar mal? ¿Y si lo que pasa es que el consumismo también
padece la ley de rendimientos marginales decrecientes? ¿Y si lo que pasa es
que las máquinas ya nos han sustituido y no nos hemos dado cuenta?
Así que estoy
de acuerdo con Antonio en que posiblemente esta
crisis no acabe nunca, pero será aquí, y no será por el petróleo, porque
ahora cuesta la tercera parte que hace unos años y no hemos mejorado tanto.
¿Bromeo? No.
¿Qué pensaríais de un médico que te dice que tienes fiebre porque tienes una
infección, y te lo sigue diciendo cuando ya no aparece ni una mala bacteria en
los análisis? Todo es culpa del petróleo cuando está caro, y sigue siendo culpa
del petróleo cuando está barato. Algo no cuadra y la razón que tenemos en otros
temas la perdemos al obstinarnos en esto.
Da igual lo que cueste el petróleo: si algún
día comienzan los apagones, o las hambrunas por falta de fertilizantes, o
terminan barridos del mapa los extrarradios de las ciudades por la
imposibilidad de los desplazamientos, entonces podremos, con seriedad, dar la
voz de alarma. Entre tanto, nos jorobará más o menos ser nosotros los
perdedores del juego cuando el petróleo suba, y nos alegraremos más o menos de
ser los ganadores cuando podamos consumirlo a un precio que nos deje dinero
para otra cosa, pero en un sistema cerrado, de suma cero, el precio al que se
fija un intercambio no tiene efecto global. Y si lo tiene, es de otro tipo, a
través de unas mayores emisiones contaminantes con precios bajos y unas menores
emisiones a precios altos.
Y aún así, como ya mostré en este
otro artículo, la palabra colapso le sigue viniendo grande al asunto. Hemos
conocido la hambruna de la patata en Irlanda, la ocupación nazi de Rusia, el
bombardeo de Hiroshima y hasta el festival de Eurovisión, y no ha habido
colapso. El sistema es mucho más resistente de lo que parece.
Hay un refrán alemán que dice que
lo que llena el corazón rebosa por la boca, así que a lo mejor hay que pensar
que quienes se pasan el día hablando de colapso es porque ya han colapsado
ellos, porque lo desean, o porque ven en su llegada una posibilidad de volver a
repartir las cartas de un sistema que no les gusta. O dicho de otro modo: lo
anuncian porque estarían encantados de provocarlo si pudieran. ¿O no?
O sea que menos lobos.
No se diga que no sé ser
optimista
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






